Harajuku boys

La estudiada naturalidad es el justo medio que sustenta la moda urbana japonesa y lo que convierte sus calles en una privilegiada pasarela, donde hasta el más mínimo detalle se integra con esmero como si de un desfile se tratase. Este interés por el aspecto, por la imagen, que podría achacarse a la invasión occidental, es por el contrario, una de las claves de la cultura nipona. La vestimenta se relaciona directamente con el atractivo. Alguien deseable es alguien bien vestido. Así, los chicos apuestan por la comodidad con mochilas, bolsos bandolera, pantalones anchos y calzado deportivo para las largas jornadas en la ciudad. Ellas utilizan la superposición de prendas; este recurso hunde sus raices en la tradición nipona desde la época Heian. Además, cargan con bolsos enormes como cualquier commuter que se precie. El peinado, otro baluarte de la belleza nipona se refuerza con la coloración. Las cintas y los pañuelos adornan los cabellos color cobre, cuanto más largos y brillantes mejor.

Vestían una larga túnica, encima de la cual solían llevar una o más uchikis amplios de seda (hasta doce) de diversos colores, que las mujeres de buen gusto combinaban con enorme imaginación para lograr resultados espectaculares. Cada uchiki era un poco más corto que el que había debajo, de modo que el espectador podía disfrutar del efecto de la combinación de las sedas teñidas o estampadas como en una cascada.[...] No se olvide que la desnudez, tan ligada en Occidente al lecho y al amor, pierde sentido en una sociedad que dormía completamente vestida.
El ideal de belleza femenina y masculina en el mundo Heian.
La novela de Genji. Esplendor.

Murasaki Shikibu

Harajuku girls