Purple rain
La colección de Lanvin otoño/invierno 2007, creada por Alber Elbaz, profundiza en el concepto minimalista, los cortes limpios, la ruptura con el barroquismo, sin renunciar a una imagen sofisticada con la que es imposible pasar desapercibida.
El color púrpura en todas sus variantes, el negro y el rojo sangre, son los auténticos protagonistas de la colección, revestidos de un ligero toque brillante gracias a las telas satinadas. Los vestidos son de una sencillez casi monacal. La falta de detalles de la parte delantera, por no tener no tiene ni escote, contrasta con los fruncidos posteriores, que imitan a los maniquíes de los escaparates a los que se les ajusta las prendas utilizando alfileres para el exceso de tejido. En realidad esta cantidad de tela sobrante, esta especie de fruncidos resultantes de una mera casualidad, improvisados sobre el propio cuerpo de la modelo, parecen pequeñas colas de pájaro o crestas de reptil que adornan la espalda.
Los zapatos, también brillantes gracias al charol, le dan un aspecto de dureza a la colección por sus claras reminiscencias a las amas sádicas, aunque bien pensado son un objeto de puro masoquismo dada la altura de tacón. Es una colección que juega con mensajes contradictorios; resistencia y debilidad, improvisación y preparación, templanza y narcisismo, mujer y maniquí.

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