Golas
Dícese del adorno compuesto de diferentes capas de tejido plegado o fruncido que se dispone alrededor del cuello para proteger o embellecer. El máximo apogeo de la gola o gorguera, siempre relacionado con la indumentaria de las clases acomodadas, se alcanza al final del siglo XVI y principios del XVII.
Cayó en desuso en la corte de Luís XIII de Francia que lo sustituye por la valona, un gran cuello de encaje, caído y profusamente embellecido.
La colección otoño/invierno de Giambattista Valli, recupera este aditamento, convirtiéndolo en la clave de un look austero, a veces sombrío, pero siempre sofisticado.
Estos cuellos rizados o escarolados enmarcan la cara, carente de rubor. Quizá sea esa la única pega que podemos poner a esta colección tan historicista; esos rostros marmóreos, lánguidos, hubiesen agradecido unos labios rojos, o unas mejillas encendidas, más actuales, tal y como sugerimos en la imagen de arriba, que hemos retocado dándole un ligero toque de carmín.
A la izquierda, retrato de Catalina de Médici como viuda de Enrique II de Francia, luciendo una gola.
Volviendo a la colección, los colores utilizados son típicamente invernales, con alguna nota de amarillo o rojo en zapatos abiertos, que contrasta con el uso de medias negras muy tupidas. Las telas tienen empaque y la sobriedad no es excusa para el uso de tejidos suntuosos. Las primeras salidas apuestan por los trajes masculinos, con sombreros de ala ancha, negros, que ocultan el rostro. La parte final del desfile viene llena de vestidos delicados, que vuelven a utilizar fruncidos y piedras brillantes para las prendas menos informales, dentro de una propuesta seria y distante como pocas.

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