Prada fall 07

La colección otoño/invierno 07 presentada por Miuccia Prada regresa al minimalismo de los noventa con patrones tan austeros, tan neutros, (atención a los abrigos o las prendas de cuero que imitan el tono de la piel), que al principio parece una simple tomadura de pelo. Se regodea en un cierto gusto por el feísmo, cuya referencia más cercana es la colección del pasado invierno a cargo de Marc Jacobs y sus infinitas superposiciones, donde el cuerpo quedaba sepultado bajo capas de ropa. Prada se distancia del pilar que soporta el estilo italiano. Nada más lejano a su visión de la moda que el sexy empalagoso y repetitivo de D&G, Cavalli, o Versace. Por otra parte, la colección de bolsos se ajusta perfectamente a las necesidades comerciales de las marcas de lujo. La calidad, la creatividad y un logo reconocido por todos, tiene su precio.
El concepto de Prada descansa en una sencillez engañosa, que potencia el estilo, la capacidad de elegir la indumentaria por su propio valor estético y no por cómo resalta ciertas redondeces del cuerpo femenino. En el invierno de Prada no valen las transparencias, ni el corsé, ni los estampados felinos.
Simplificando los cortes, llevando la fantasía a las telas, los colores, las texturas, los complementos; creando un rompecabezas complicado de unir. Buscar una línea argumental a esta colección es misión imposible; gustará o no, dentro del territorio desbrozado en París por Comme des Garçons, situando a Miuccia como la más japonesa de los europeos.

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