En épocas inciertas volvemos la mirada hacia aquello que nos hace sentir seguros. Traducirdo al mundo de la moda supone, devolver el protagonismo a la materia prima: las telas, los estampados, la originalidad y calidad de los propios materiales con los que se ha confeccionado la prenda.
El reinado de los japoneses y los belgas, capitaneados por Rei Kawakubo y la escuela de Amberes, su mirada minimalista, deconstructivista, debe convivir una vieja conocida: la ostentación.
Nadie quiere presentarse en un acto público como un superviviente de Hiroshima, y el diseño cede terreno ante el esfuerzo, y el trabajo que hay detrás del tejido mismo.
La artesanía tradicional, los bordados, brocados, pedrería, sedas, terciopelos, se abre paso ante la moda de usar y tirar.
Ya no es suficiente con rescatar un vintage para una ocasión especial, necesitamos nuevos vintages.
Es ésta, una cierta vuelta a los orígenes de la propia moda, y a las intenciones por las cuales una persona desea presentarse en público ataviada con un vestido en concreto; para ser admirada.

A la izquierda, Michelle Monaghan con un vestido asimétrico en tonos grises de Calvin Klein; en el centro, Nicole Kidman lleva un vestido con escote palabra de honor, de Oscar de la Renta; por último, Anna Paquin continua su idilio con los diseños de Alexander McQueen. Visto en la alfombra roja de los Premios Guild 2010.






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