The show must go on

Más allá de la pompa y boato a la que nos tienen acostumbrados los montajes escénicos de algunas pasarelas internacionales, unas a años luz de otras, de ahí la brecha imposible de salvar de nuestra invisible Pasarela Cibeles, está la tienda. Un pequeño templo; el último reducto controlado por el diseño.
La tienda es el lugar donde la prenda se enfrenta a la realidad, al mercado, a la gente; por eso, el diseñador de interiores, el arquitecto y el artista se interponen una vez más entre el público y la prenda para recrear ese halo de lujo, excentricidad y fantasía, ese aire de irrealidad con la que nos envuelven los desfiles.
Cada uno de los ejemplos que hemos seleccionado responde a esa ilusión puramente teatral que rodea el mundo de la moda. El teatro, el arte, se inspiran en la realidad mejorandola. Por eso ambos mundos trabajan en simbiosis, a veces en el papel de mecenas, a veces inspirando colecciones enteras.

V&R y Dougherty

Escogemos la tienda milanesa de V&R. Una casa de muñecas del siglo XVIII al revés, para los ingeniosos y emprendedores Viktor&Rolf. El proyecto fue diseñado y ejecutado por el arquitecto Siebe Tettero en colaboración con el estudio SZI, a partir de directrices muy concretas del dúo. Todos y cada uno de los detalles han sido estudiados para crear un espacio totalmente surrealista. La iluminación, la decoración y las estructuras arquitectónicas sirven al orden simétrico del concepto. Las prendas a la venta, la zona de caja y los aseos, son los únicos elementos que respetan la disposición tradicional.

Si nos trasladamos a Londres encontramos el Dover Street Market, donde cada diseñador, capitaneados por Rei Kawakubo, la papisa de Comme des garçons, cuenta con su propio espacio personal creado ex profeso para esta tienda multimarca. Un mercadillo caro. Lujo caótico. Los montajes son dinámicos con la capacidad de transformarse en un corto periodo de tiempo, según las exigencias del consumidor o el capricho del diseñador.
mercado Dover Street
Por su parte la instalación de Patrick Dougherty para la boutique de Max Azria en Los Ángeles se ve desde bien lejos, desde fuera, sin ninguna necesidad de entrar, lo que la hace más cercana y divertida. Toda la tienda fue revestida con ramas de árbol creando una instalación orgánica, sin ángulos rectos, convirtiendo un edificio corriente en algo que parece estar vivo, que respira. Todos los trabajos de Dougherty aportan esa sensación de armonía bien se ubiquen en plena naturaleza o en un espacio urbano.

Estudio SZI
Dover Street Market
Patrick Dougherty

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